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Fuimos a buscar el café. Y el café terminó llevándonos hasta ellos.


Imagen 1. Beneficio La Angostura. Foto por, Código Cafetal.
Imagen 1. Beneficio La Angostura. Foto por, Código Cafetal.

“Toda pregunta nace de una inquietud.Las nuestras cambiaron cuando llegamos aquí.”


Llegamos a La Angostura siguiendo las pistas de una taza.

Queríamos entender el café desde aquello que podemos observar, medir y probar: la variedad, la altura, el proceso, el trabajo detrás del beneficio y, finalmente, todo lo que termina expresándose en el sabor.

Íbamos preparados para hablar de café.


Pero hay historias que empiezan a revelarse cuando uno deja de hacer preguntas por un momento y comienza a escuchar.

Entre cafetales, conversaciones y años de trabajo acumulados en una misma tierra, nuestra mirada empezó a cambiar. Porque antes de que un café pueda hablar de dulzor, acidez o notas de sabor, hubo alguien que tomó decisiones, esperó una cosecha, aprendió de una anterior y volvió a comenzar.


Y entonces entendimos que conocer el origen no era solamente llegar hasta el lugar donde se cultivó el café.

Era conocer a quienes han permanecido allí.

Esta historia comienza en La Angostura, en León Cortés, pero no comienza con una taza. Comienza con una familia. María comenzó hablándonos de la familia y de su historia. Arleen habló de su papá. Y, sin darnos cuenta, la conversación nos llevó muy lejos de las variedades, los procesos y las notas de cata. Fue entonces cuando comprendimos algo. Tal vez el café nunca ha sido el protagonista de esta historia.


Una montaña también deja huella.


Imagen 2. Mario Jiménez en Beneficio La Angostura. Foto por Arleen Jiménez.
Imagen 2. Mario Jiménez en Beneficio La Angostura. Foto por Arleen Jiménez.

Hay quienes aprenden a orientarse mirando calles y edificios.La familia Jiménez aprendió mirando montañas. En La Angostura, León Cortés, buena parte del tiempo se reconoce de otra manera. El cafetal florece y la montaña se llena de blanco. Llegan las primeras lluvias. Cambia el viento. Las cerezas comienzan a madurar. Y, casi sin necesidad de mirar un calendario, la cosecha vuelve a acercarse.


Para una familia que ha vivido alrededor del café, esas señales terminan convirtiéndose en una forma de entender el año. Mientras caminábamos por la finca empezamos a comprender algo que no habíamos ido a buscar: aquella montaña no solo había producido café. También había acompañado generaciones.


Allí crecieron personas que aprendieron a reconocer cuándo la tierra necesitaba atención, cuándo había que esperar y cuándo era momento de volver al cafetal. Conocimientos que pocas veces aparecen escritos y que, sin embargo, pasan de una generación a otra. Por eso, cuando María comenzó a contarnos su infancia, ocurrió algo inesperado. No habló primero de café. Habló de una mariposa.


Y fue entonces cuando entendimos que, para conocer realmente la historia de esta familia, tendríamos que empezar mucho antes de la taza.


El sueño que no cabía dentro de un saco de café.


Imagen 3. En cosecha del Beneficio La Angostura. Foto por Arleen Jiménez.
Imagen 3. En cosecha del Beneficio La Angostura. Foto por Arleen Jiménez.

Antes de Mario estuvieron sus padres. Antes de ellos, sus abuelos.

Durante cuatro generaciones, la familia Jiménez ha visto la misma escena repetirse en estas montañas: el cafetal cubriéndose de flores blancas, las ramas llenándose lentamente de fruto y, meses después, las manos regresando a recoger las cerezas maduras.


Cada cosecha comenzaba mucho antes de que el primer grano llegara al saco.

Había que limpiar, abonar, cuidar, esperar las lluvias, vigilar el cafetal y confiar. Después venía la recolección. Meses de trabajo concentrados en unos cuantos sacos de café que finalmente salían de la finca.

Y había algo que Mario no podía controlar:

cuánto de todo aquel esfuerzo regresaría a casa.

Hubo años en los que las cuentas comenzaron a decir algo que la montaña todavía no decía. El café seguía creciendo.La familia seguía trabajando.Pero vivir de él era cada vez más difícil. Y para Mario, el problema dejó de ser solamente la siguiente cosecha.

Empezó a pensar en sus hijos.


En la posibilidad de que crecieran allí, aprendieran aquel oficio y, llegado el momento, tuvieran que marcharse porque la tierra que había sostenido a cuatro generaciones ya no podía ofrecerles un futuro.


Entonces comenzó a tomar forma una idea. ¿Y si el café no tuviera que salir de la finca apenas terminara la cosecha? ¿Y si ellos mismos pudieran acompañarlo un poco más? Procesarlo. Secarlo. Cuidar su calidad. Conocerlo de otra manera. Tener mayor participación sobre aquello que habían cultivado durante tantos meses.

Así comenzó el sueño de un microbeneficio.


No nació de una máquina.

Ni de un edificio.

Nació de una preocupación profundamente sencilla:

que quedarse también pudiera ser una opción.

Y había algo más.

 

Alrededor de los Jiménez había otras familias viviendo una historia parecida. Vecinos que también cultivaban café, esperaban durante meses y entregaban en cada cosecha el resultado de su trabajo. Por eso el sueño empezó a crecer más allá de su propia finca. Mario imaginó un lugar donde también pudiera recibirse el café de productores cercanos y donde ese fruto tuviera la oportunidad de ser trabajado con mayor cuidado y valor. Quizá por eso, cuando hoy uno camina por La Angostura y ve el microbeneficio funcionando, es fácil pensar que está viendo maquinaria, patios y café secándose.

Pero Mario estaba intentando construir algo mucho más difícil de ver. Una razón para que la siguiente generación pudiera elegir quedarse.

 

 

Y después, volvieron


Imagen 4. Arleen extendiendo Café en Camas para secado. Foto por Código Cafetal.
Imagen 4. Arleen extendiendo Café en Camas para secado. Foto por Código Cafetal.

Arleen nos dijo algo que se quedó con nosotros mucho después de guardar la grabadora.

No habló de cuánto café habían producido.Tampoco de cuánto habían logrado vender.

Habló de sus hermanos.

Del café que, cosecha tras cosecha, ayudó a pagar cuadernos, matrículas, pasajes y años de estudio.

Mientras en La Angostura continuaban las floraciones, las lluvias y las cosechas, los hijos de la familia Jiménez iban construyendo también sus propios caminos.

Estudiaron.Se hicieron profesionales.

Y podrían haber seguido lejos de aquella montaña.


Pero volvieron.

Uno a uno, comenzaron a traer a casa algo que sus padres no habían tenido cuando iniciaron: conocimiento.

Lo aprendido fuera empezó a encontrarse con lo aprendido dentro de la finca. Con la experiencia de Mario. Con los años de observar el cafetal. Con esas decisiones que en el campo muchas veces no están escritas en ningún libro, pero que una generación aprende de la anterior.

Entonces ocurrió algo hermoso.

El café que había ayudado a los hijos a salir a estudiar comenzó a recibir de vuelta aquello que habían aprendido.

Ya no era solamente Mario pensando cómo hacer que sus hijos pudieran encontrar un futuro allí.


Ahora eran ellos quienes estaban ayudando a construirlo.

Mientras Arleen nos lo contaba, una idea comenzó a tomar otro sentido.

Quizá aquel microbeneficio que años atrás nació con la esperanza de que quedarse fuera una opción había conseguido algo todavía más difícil:

hacer que volver también lo fuera.

 

La mariposa


Imagen 5. Foto de María Jiménez. Imagen por Arleen Jiménez.
Imagen 5. Foto de María Jiménez. Imagen por Arleen Jiménez.

La mariposa no apareció por primera vez durante nuestra visita a La Angostura.

Ya formaba parte de esta historia.

Años atrás, Arleen y María Jiménez participaron en Bean Voyage, una organización que trabaja junto a mujeres productoras de café de pequeñas fincas, facilitando formación, acceso a capital, mercados y una red de otras mujeres productoras.

Allí, además de hablar de producción y de los desafíos de sostener una finca, ocurrió algo menos evidente: comenzaron a contar su propia historia.

Como parte de una iniciativa de narración participativa, ambas tomaron una cámara y produjeron sus propios cortometrajes documentales para la serie Más que un café.

Y en la historia de María apareció una mariposa.

Cuando volvimos a escucharla hablar de ella en La Angostura, entendimos que no estábamos frente a una imagen escogida al azar.

Era una imagen que había permanecido con ella.

Desde niña, María recuerda su fascinación por las mariposas. Por sus colores, por su presencia silenciosa y por esa transformación que ocurre antes de que podamos ver las alas.

Años después, aquella imagen encontró otra forma de acompañarla.

Nosotros podríamos intentar explicar qué significa esa mariposa.

Podríamos decir que habla de transformación. Del beneficio. De una familia que tuvo que aprender, cambiar y encontrar nuevas maneras de continuar cultivando café.

Pero quizá hacerlo sería apropiarnos de una historia que no nos pertenece.

Por eso preferimos dejarla donde María la puso.

Una mariposa.

Una mujer que la observa desde niña.

Y una historia familiar que, después de cuatro generaciones, todavía sigue transformándose.

 

Una finca donde el café no crece solo.


Imagen 6. Arleen sujetando un racimo. Foto por Arleen Jiménez.
Imagen 6. Arleen sujetando un racimo. Foto por Arleen Jiménez.

Uno llega a La Angostura buscando café.

Y lo encuentra.

Pero basta caminar entre los cafetos para descubrir que aquí hay mucho más creciendo.

Aparecen mandarinas, aguacates, limones y yuca. Sobre el cafetal, otros árboles extienden sus ramas y ofrecen sombra. Abajo, el suelo conserva cobertura vegetal.

El café está por todas partes.

Pero no está solo.


Mientras caminábamos, la familia nos hablaba también de barreras vivas, bioles y microorganismos de montaña. De prácticas que han ido incorporando para cuidar una tierra de la que llevan generaciones dependiendo.

Entonces dejamos de mirar únicamente los cafetos.

Empezamos a mirar lo que ocurría alrededor.


La sombra.

Las raíces.

La cobertura del suelo.

Los otros cultivos.

La vida que muchas veces no vemos, pero que también forma parte de una finca.


Y ahí apareció una de esas preguntas que La Angostura fue cambiando durante nuestra visita:


¿Dónde termina el cultivo del café y dónde comienza todo lo demás que lo hace posible?


Porque una cereza nunca madura aislada de su entorno. Lo hace bajo determinadas condiciones de luz y temperatura, en un suelo con características propias, rodeada de otras especies y bajo las decisiones de quienes trabajan ese lugar todos los días.

Quizá por eso, al final del recorrido, ya no estábamos observando únicamente dónde crecía el café. Estábamos intentando comprender con qué crecía.

Y para hacerlo hubo que levantar la mirada del cafeto.

Había que mirar la montaña completa.

 

Lo que una taza nunca alcanza a contar.


Imagen 7. Mario Jiménez en cosecha. Foto por Arleen Jiménez.
Imagen 7. Mario Jiménez en cosecha. Foto por Arleen Jiménez.

Cuando Arleen habló sobre exportar café esperábamos escuchar cifras. Contenedores, mercados, clientes. En lugar de eso, habló de orgullo.

Del momento en que un saco sale rumbo a otro país. Del esfuerzo de muchos años viajando dentro de él. De la emoción de imaginar que alguien, a miles de kilómetros de distancia, preparará una taza sin conocer los nombres de las personas que hicieron posible ese momento.


Fue entonces cuando entendimos algo que hasta ese momento había pasado desapercibido. Una taza nunca transporta solamente café.Transporta madrugadas, conversaciones familiares, decisiones difíciles y esperanza.

Y, sobre todo, transporta el deseo silencioso de que alguien, en cualquier rincón del mundo, pueda sentir, aunque sea un poco del amor que quedó atrapado entre aquellos granos.


Las abejas.

Imagen 8. Abeja en cafeto de Beneficio La Angostura. Imagen por Arleen Jiménez.
Imagen 8. Abeja en cafeto de Beneficio La Angostura. Imagen por Arleen Jiménez.

Justo cuando pensábamos que ya conocíamos a la familia Jiménez, apareció una historia que nunca estuvo en nuestras preguntas. En la comunidad, cuando un enjambre aparece en una casa o en un lugar donde representa un riesgo, la reacción más común suele ser eliminarlo.


Ellos decidieron hacer exactamente lo contrario. Van por las abejas. Las rescatan. Las trasladan hasta la finca. Les ofrecen un lugar donde puedan seguir viviendo. Con el tiempo, esas colmenas producen una miel nacida del mismo paisaje que da vida a su café.


Cuando escuchamos esa historia entendimos que no era un detalle curioso. Era la confirmación de todo lo que habíamos descubierto durante el día. Porque una familia que dedica su tiempo a proteger aquello que muchos temen destruir difícilmente podría entender la agricultura desde otro lugar. En Código Cafetal decidimos incorporar esa miel a nuestra selección no porque buscáramos ofrecer un producto más.


Lo hicimos porque sentimos que era imposible hablar del café de la familia Jiménez sin hablar de la forma en que entienden la vida.

Su miel y su café nacen de la misma convicción.


Cuidar.

Proteger.

Permanecer.


Lo que descubrimos cuando llegamos a donde este Beneficio.


Imagen 9. Vandola con cerezas de Café de Beneficio La Angostura. Foto por Arleen Jiménez.
Imagen 9. Vandola con cerezas de Café de Beneficio La Angostura. Foto por Arleen Jiménez.

Creíamos que veníamos a conocer un café. Nos fuimos conociendo una familia. Llegamos buscando procesos. Encontramos principios. Llegamos buscando notas de cata. Encontramos valores. Llegamos creyendo que el origen del sabor estaba en una variedad, una altitud o un método de beneficiado. Y descubrimos que estábamos equivocados. El origen del sabor comienza mucho antes. Comienza en un padre que soñó con dejarles un futuro a sus hijos. En una madre que sostuvo ese sueño todos los días. En una familia que decidió regresar cuando pudo haberse ido. En una montaña que les enseñó que todo lo verdaderamente valioso necesita tiempo. Y en la decisión cotidiana de cuidar la tierra como si también fuera parte de la familia.


Quizá por eso el café de la familia Jiménez sabe diferente. No porque haya un secreto escondido en el beneficio. Sino, porque existen historias que terminan impregnándose en todo aquello que tocan.

Y esta montaña está llena de ellas.


Continuará...



Sobre nuestra mesa ya descansan dos pequeños tesoros nacidos en La Angostura.

Una bolsa de café.Y un frasco de miel.

Hoy conocimos a las personas que les dieron origen.

En la próxima Crónica del Origen abriremos esa bolsa de café y ese frasco de miel para descubrir qué nos cuentan cuando el paisaje se convierte en aroma, sabor y memoria.

Porque si esta familia nos enseñó algo, es que una taza nunca se termina de comprender con el primer sorbo.

Apenas empieza a hablar.


Código Cafetal

Descifrando el origen del sabor.

Al final, el café siempre es la excusa.

 

Trazabilidad de este café

Finca: Beneficio La Angostura

Lote: Los Bajos

Altura: 1600 msnm

Variedad: Caturra

Proceso: Red Honey




Referencias y fuentes.


Esta crónica fue construida a partir de conversaciones, observación en campo y fuentes documentales. Las interpretaciones narrativas pertenecen a Código Cafetal; las historias y testimonios de la familia Jiménez se presentan procurando conservar el sentido con el que fueron compartidos.


Familia Jiménez — Beneficio La Angostura.Entrevistas y conversaciones realizadas durante la visita de Código Cafetal a Beneficio La Angostura, León Cortés, San José, Costa Rica. Fuente primaria para la historia familiar, el desarrollo del microbeneficio, las prácticas de la finca y la participación de las nuevas generaciones.


Bean Voyage.Organización sin fines de lucro que trabaja con mujeres productoras de café de pequeña escala mediante formación, acceso a recursos, mercados y redes de colaboración. Fuente de contexto sobre la participación de Arleen y María Jiménez en sus programas.

Más que un café — Stronger Than Coffee.Serie documental de narración participativa desarrollada con mujeres productoras vinculadas a Bean Voyage. Fuente complementaria para el relato de Arleen y María Jiménez y, particularmente, para el origen de la narrativa de la mariposa utilizada en esta crónica.

Material de campo de Código Cafetal.Fotografías, grabaciones, notas y observaciones recopiladas durante la visita a La Angostura. Utilizadas para documentar el entorno de la finca, cultivos asociados, manejo y elementos descritos a lo largo de la crónica.

 

 
 
 

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